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Caso 4/08/2010

HERIDAS





En este caso clínico veremos como se trató una herida en la cabeza, concretamente en la zona mandibular, lo suficientemente importante como para requerir tratamiento quirúrgico y antibiótico terapia.

En la primera fotografía se muestra la herida tal y como la encontramos en un primer momento.

En primer lugar realizamos un examen clínico del caballo, para asegurar-nos que cardiovascularmente estaba estable y no requería fluido terapia.

Intentamos averiguar con que se había hecho la herida, para valorar el riesgo de infección, y procedimos a rasurar la zona de la piel que rodeaba la herida. Esto nos permitió ver el tamaño real de la herida y reducir las posibilidades de que se infectara.





Observamos que se trataba de una herida que afectaba a piel y tejido subcutáneo de una longitud de unos 25 centímetros aproximadamente.

Después de limpiar y desinfectar la herida y la zona de piel que habíamos rasurado,  con guantes estériles palpamos todo el interior de la herida para ver su tamaño real y asegurarnos que no había ninguna astilla en su interior.

Antes de suturar la herida, con un bisturí fuimos rascando toda la herida  para reavivar el tejido lesionado y así favorecer la cicatrización.






Se utilizó hilo de sutura absorbible para suturar el tejido subcutáneo y  no absorbible para realizar los puntos simples que sirvieron para afrontar los márgenes de la herida.

Una vez realizada la sutura, se aplico un apósito estéril y se hizo un vendaje. Esto nos permitió mantener la herida en un ambiente estéril para evitar que se infectara a la vez que la protegíamos de las moscas.



El caballo fue medicado con antibióticos, antinflamatorios y analgésicos durante 7 días. A las dos semanas se retiraron los puntos y la herida cicatrizó perfectamente. 



La siguiente fotografía fue tomada dos meses después de haberse producido la herida.

 

En general el tratamiento de las heridas en el caballo varia en función de la localización de la herida, la posible contaminación e infección de la misma, las horas que han trascurrido desde que se produjo la herida, el daño que hayan sufrido los tejidos, si hay perdida de tejido y el carácter del animal, principalmente. 

Cuando encontramos un caballo con una herida, lo primero que hay que intentar es evitar que se siga lesionando. Si hay hemorragia se puede coger una toalla limpia y hacer presión sobre la herida. Si no hay hemorragia y la herida es en una extremidad. Se puede vendar con una toalla limpia empapada en betadine diluido ( un par de mililitros de betadine por cada litro de agua) hasta que llegue el veterinario. 

No hay que menospreciar ninguna herida, ya que aunque a primera vista pueda parecer un simple rasguño, puede ser que afecte a estructuras muy importantes, como articulaciones o tendones, y sin un tratamiento adecuado, puede llegar a ser fatal para el animal.

Otro aspecto a tener en cuenta, principalmente en verano, es que hay que intentar tener las heridas vendadas o tapadas, ya que la presencia de  moscas en la herida sin protección puede desembocar en la aparición de habronemiasis. Esta enfermedad, también llamada “heridas de verano” se produce cuando las moscas depositan larvas de un parásito intestinal del caballo en la herida, hecho que provoca una reacción de hipersensibilidad que se produce en la dermis contra estas larvas.

Otro punto importante es que el caballo esté vacunado contra el tétanos, ya que sus heces  contienen en un alto número de la bacteria  causante del tétanos, Clostridium tetani, motivo por el cual el caballo es un animal con un alto riesgo de sufrir esta enfermedad, así como cualquier persona que trate con él.

Por último destacar que el mejor tratamiento para una herida es evitar que se produzca, obviamente, y por tanto es importantísimo evitar que el caballo tenga contacto con cualquier objeto que pueda representar un peligro para este.